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La Bola

«Se trata de una pieza importante y muy sustanciosa, casi esencial, en el menú u ordinario de la alimentación rural soriana. He oído -y sé- que se hace en otras regiones, y aun comarcas y provincias de España, aunque reciba otros nombres: "albondigón", "pelota de pan", "migajón de magro y pan", pero es lo mismo. Era la pieza más voluminosa -a veces las amas de casa hacían dos, según el número de la familia- que entraba, y salía de aquellos pucherones panzudos de barro donde se cocinaba el cocido.

De la miga de la hogaza, ancha y candeal, sacaban unos migones -o migajones-, y se desmigaban por igual. Se batían aparte dos o tres huevos, lo que el desmigado preparado pedía, y se hacía una especie de tortilla de pan, con ello; añadiéndole recortes de tocino magro, picadillo de ajo crudo y perejil, construyendo con todo una especie de torta, elipsoidal, plana, grande, -o dos- más pequeñas, para facilitar su entrada en la olla, que venía cociendo a la lumbre de roble o carrasca, desde hacía un par de horas. Se freía la pieza, o mejor, se pasaba por la sartén con aceite y una pizca de pimentón, para endurecer sus exteriores, pues no se trataba de freir la mezcla, que su destino era ser cocida, y una vez convertida en pieza compacta y más sólida, con el tiempo justo que faltaba ya para retirar el cocido, se echaba a su puchero, cociendo con la mezcla sabrosa de aquel depósito: garbanzaos, chorizo, hueso de garrón, cecinas, tocino, morcilla en su tiempo, oreja... pata, quizá media hora.

Cuando todo estaba a punto y con el caldo del cocido, que se había añadido casi a punto de quitarlo, y coladas las sopas -primer plato del menú de medio día, cada día, todos los del año-, se dividían en sendas medias fuentes, los garbanzos -segundo plato- en una; y en la otra, carnes, tocinos, garrones y bola de la que se hacía partes geométricas, tantas como comensales. La pieza -un manjar aldeano más- había sumado a sus ingredientes la substancia del cocido todo y era, sencillamente, bocado exquisito que mirábamos los chicos a ver a quién le tocaría el mejor "cacho de bola", que podría tener con el peor unos miligramos de diferencia.

Cuando la gresca iba a más podía terciar la madre en el arreglo: "mañana te voy a hacer para tí solo, una bola de cuatro libras".

Cosa imposible porque se hubiera necesitado cocer no en el puchero sino en la caldereta.»

«Memorial de Soria» de Miguel Moreno

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