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Sopas de ajo

Sopas de ajo«Frecuente "comida", y servida en abundancia, en aquellas cocinas oscuras, iluminadas en mis primeros años de recuerdos conscientes, por candiles de aceite con torcidas mortecinas. Luego con carburos y quinqués de petróleo.

En una cazuela de barro ancha, se cortaba de la hogaza más dura, pequeñas rebanadas de pan, casi transparentes. Se preparaba la sartén, con aceite -no siempre, mas bien grasas, que salían de aquellos mostosos y rancios pucherotes desportillados que no servían ya para el uso diario de la cocina- y pimentón, echándose a la par, un par de ajos, en trozos menudos.

Y al mismo tiempo, en la lumbre, ante su morillo, de arco y tres pies, cocía el agua en un puchero de la misma marca y alfar: agua de la fuente con cuatro, seis u ocho ajos, gordos o menos, y sal. Tan pronto como el aceite había tomado un color tostado, por el pimentón, y los ajos querían requemarse, se vaciaba la mezcla sobre las sopas cortadas; aquellas transparentes rebanadillas de pan, que había venido a la cazuela desde la hogaza. De panza a panza: panzuda hogaza, panzuda y grandona la cazuela, panzudo el puchero del agua y hasta panzuda la sartén...

Cuando el padre o los mozos habían aviado el ganado; cuando habían terminado la hacienda en los pajares; cuando habína desuncido o desaparejado las mulas, es decir, pocos momentos antes de sentarse todos a la mesa, venía el agua clara, con ajo y sal, de la olla a la cazuela y se celebraba el calado y recalado del pan que ya tenía su aceite apimentonado y ajillos fritos y... ¡¡nada más!!

Porque las sopas de ajo, frecuentes y socorridas, eran sólo así. Sin más lujos de huevo, ni lonchas de jamón, ni de tocino entreverado, ni nada de nada más.

Pan, agua, ajo, sal, grasa y pimentón.

Las sopas de ajo de Soria.»

«Memorial de Soria» de Miguel Moreno

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